Cuando el reloj marca las 5 y 30 de la tarde, cual tanques de guerra, los carros alegóricos de cada Facultad de la UDEP salen presurosos. Es sábado, 21 de octubre y la alegría en ruedas irrumpe con su propio batallón de revoltosos. Los alumnos simulan ser aguerridos soldados dispuestos a ganar la batalla que se avecina. No es para menos, pues, ya empezaron las Olimpiadas Ramón Mugica 2006.
El camino a recorrer es largo. Son muchas las calles que separan la Universidad del Coliseo “Miguel Gerónimo Seminario y Jaime”, punto de encuentro de alumnos, profesores y todo curioso que se acerque a ver las comparsas, los bailes y a unirse a los miles de aplausos que se regalan por cientos.
Efectivamente, todos parten del Campus universitario al Coliseo. La gente se amotina a lo largo del serpenteante camino. Miran con asombro de que en Piura haya esculturas egipcias, una pequeña plazoleta de España con un toro por delante, videojuegos que por un momento han logrado salir de las cintas de play station de sus pequeños hijos, tumbas reales, sirenas y marineros. Todos ellos andando en cuatro ruedas.
Detrás de cada realidad rodante se unen como indios una aglutinada masa de alumnos. Todos gritan y saltan y bailan y se caen y se paran. Los de Ingeniería visten de granate. Los de Comunicación de verde. Empresas, por su lado, de naranja. Derecho de rojo. Educación de celeste y de azul la Escuela Tecnológica Superior.
Los gritos se confunden, porque aquí nadie canta. De lo que se está seguro es que todos gritan. Cada quien defiende su casa y mientras más chillen, mejor. Los alumnos van por las calles y son agasajados por los simpatizantes. Todos salen de sus casas, pues nadie se quiere perder del no menos famoso corso de la UDEP.
La gente mira los carros, cual buques mercantes hacen su paso formando una especie de Dragón Chino. Son miles los colores que se funden en esta campaña. Los felices fisgones parecieran que despintaran con la vista las tonalidades de los carros y la de los milicianos universitarios.
Y así es todo el recorrido, los alumnos gritan, saltan, bailan, se vuelven a caer y se vuelven a parar. Unos bochinchean la barra al estilo del baile de moda, mientras que otros se agachan y gritan por su lado lo que les viene en gana. Lo importante es que el jurado vea que todos revolotean y hacen bulla. La cuerda humana irrumpe el tráfico por largo rato.
Al cabo de tres horas aproximadamente se llega al punto final y es en este escenario, el coliseo, en donde la bulla y la algarabía se elevan en su máximo grado. Llegó la hora de probar las fuerzas y nadie está dispuesto a perder. Unos presentan números habituales con olor a usado. Hay otros, en cambio, que no se quedan atrás y muestran bailes que dan ganas de unirse a ellos. Y ya se vienen los saltos, y un poquito para la izquierda y después para la derecha y así en todas las direcciones. En esta batalla no hay escudos ni espadas. Esta vez las armas son los movimientos de cada incansable bailarín.
Antes de que cada Facultad haya empezado a bailar, las bullangueras barras ya se han ubicado en su propio lugar. Un error de los danzarines puede ser fatal, pero para eso están los gritones, quienes unidos intentan despistar al infranqueable jurado. Cada barra demuestra lo aprendido las noches pasadas, aquellas noches en las que se unían para ensayar y deformar melodías y así crear las propias.
Ya cada quien se ha presentado y todos se vuelcan a pisotear la pista central del Coliseo. Empresas saca su gigantesca banderola naranja. Ingeniería una menor y el resto trozos de tela verde, celeste y azules. El patio parece una paleta de colores expresionista. Todo es desorden y caos. La bulla parece ser la única que no muere. Ya es tarde. Unos se quedan, mientras que otros prefieren retirarse y dejar atrás los gritos que desaparecen en una moribunda agonía.
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1 comentario:
Asu male!!! estuviste poetico y full mmmmmmmmmmmmmmmmm figuras literarias no??? y yo hasta ahora no se describir bien!! ahhhhhhhhhhh
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