Este año es la primera vez que Cinthia participa de las elecciones. Así como ella, miles de personas asistieron el domingo a votar a las urnas. Algunos decían que para que no les impongan la multa; otros, porque querían elegir conscientemente al próximo gobernante. Esos otros eran muy pocos.
Cinthia tiene más de 18 años, edad que para el Estado peruano es suficiente para poder elegir a los “lanzapromesas” a consciencia. Todos los jóvenes ingresan a duras penas por las puertas de los locales de votación, que están rodeadas de chupeteros, vivanderas, encuestadores, policías, cachacos y así un largo de ocasionales personajes. No solo los mozuelos intentan llegar a su mesa, sino también los que ya se han comido más promesas, esas en las que te ofrecen el oro y el moro.
Ante el desconcierto por la gente que se aglomera a lo largo de las calles, Cinthia siente como las ideas se licuan en su mente. Todo está patas arriba. Lo poco que logró leer en el periódico de hace unos días parece tener ahora la consistencia de la ensalada que comió en el desayuno. Las mototaxis van y vienen a lo largo del camino. Ella ha preferido ir a pie. Necesita de “más” tiempo. Más minutos así como cuando se está a punto de dar los exámenes.
Cuando ya llega al colegio siente que comenzó la batalla. Con lapicero y cédulas en mano se dirige hacia la cámara secreta. Dos cédulas. Ni siquiera eso sabía. ¡Dos cédulas! Al igual que la mayoría de sus contemporáneas, la joven marcó la foto del candidato regional que le pareció más agradable y en la otra cédula la frase que guardara más esperanza para su provincia. Y es que Cinthia no es la única. Todo el Perú se debate entre la confusión de si elegir a los independientes o a los “dependientes”.
Cinthia observaba su dedo que parecía haber sido víctima de un fuerte golpazo. El morado de la tinta no salía ni por más secretos que le habían dado en la familia. No funcionó ni el de la abuela, ni de la mamá y mucho menos el del padre. El no haber sido la única que no había votado a conciencia le hacía tener un poco más de alivio. Nadie o casi nadie han sufragado con seriedad, pensaba ella.
Ya son casi más de las cuatro y la mayoría de personas están sentadas frente a su televisor. Cinthia hace lo mismo. Los flash informativos lanzan como ganadores a los principales postulantes de la capital. Después vendrían los regionales y así hasta llegar a unos cuantos provinciales. Los medios bombardeaban. Las pantallas apuntaban en letras grandes los resultados. Las radios ensordecían con sus enlaces en vivo y en directo. Y el periódico se desesperaba para que amaneciera y todos lo devoraran.
Para algunos, el candidato de su elección había ganado, para otros no. Muchos descubrieron al igual que Cinthia, que el personaje aquel, ese que parecía tan simpático o el otro elegido al azar por medio de juegos de niños había ganado. Al menos ahora el alivio era mayor, porque sin querer o casi como jugando habían elegido a la persona indicada. “Porque desde que gana es por algo, ¿o no?” sentencia, la joven.
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3 comentarios:
Giancarlo q bueno q solo nos ilustras a una joven inexistente en este mundo llamado Peru que no se corrompe por la ignorancia. Verdad?
oie arjonaaa publica mas quiero......... LEERTE! :D
oie como q las elecciones fueron el 19 de noviembre,estamos 05 de marzo...no te parece q.....estamos iguales,yo tampoco he publciado nada..jejej..chocala!!!yupi...
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